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sábado, 30 de mayo de 2015

La función EJECUTIVA de la INTELIGENCIA


José Antonio Marina apuesta por el concepto de inteligencia ejecutiva y dice
que la inteligencia está estructurada en dos niveles:
  • Inteligencia generadora  que capta, elabora y produce información, una parte de la cual pasa a estado consciente.
  • Inteligencia ejecutiva que que a partir de la experiencia consciente selecciona metas, toma decisiones, y dirige la acción de la inteligencia generadora 
Las funciones ejecutivas nos permiten gestionar los procesos motivacionales y emocionales, gestionar la memoria, gestionar el pensamiento y gestionar la acción.

Marina pone el ejemplo de su exalumno con un elevado coeficiente de inteligencia y un estudiante de éxito; empezó a creer que sabía más que sus maestros y a tener la sensación de que nadie le podría enseñar por lo que perdió interés por los estudios y lideró una banda de jóvenes; este joven está en la cárcel. Marina se pregunta: ¿estamos ante una persona inteligente?. No lo parece.

Otra historia de Robert Hare que Marina utiliza en su libro "la inteligencia ejecutiva" es la de un niño de trece años que mató a golpes a un compañero  por no proporcionarle una cantidad de droga que había pactado por 250 dólares. Lo que llama la atención es que el asesino fue definido por la comunidad como un chico normal cuando delinquía, consumía drogas y había sido expulsado del colegio por robar. Características de este chico como la impulsividad, la irresponsabilidad, falta de remordimientos  no solo habían dejado de ser rechazadas y combatidas por el entorno sino que eran vistas con complacencia.

El caso del joven delincuente nos demuestra de qué nos sirve ser tan listos sino somos capaces de sacar provecho de nuestras habilidades y seguramente la inteligencia tiene mucho más que ver con poder disponer de mecanismos necesarios para escoger nuestras metas y realizarlas efectivamente.  En esto se basa Marina para defender su teoría y define la inteligencia ejecutiva como la capacidad de dirigir bien el comportamiento, eligiendo las metas, aprovechando la información y regulando las emociones". Aquellas destrezas que unen la idea con su realización, y que sirven para elegir objetivos, elaborar proyectos y organizar la acción para realizarlos son las que debemos potenciar, porque de nada sirve disponer de una gran capacidad analítica o de una enorme habilidad relacional si después no podemos llevar a la práctica todo lo planificado.Este concepto está impulsado por la neurociencia.

Marina afirma que  aunque ahora se utilizan términos como déficit de atención, hiperactividad, impulsividad, problemas de control de los impulsos, abulia o trastornos del lóbulo frontal, seguimos refiriéndonos a algo tan básico y tan importante como es el control de la acción.
 No podemos reducirlo  todo a los estados de ánimo. Esa creencia según la cual cambiando la percepción se cambia la realidad es muy peligrosa por su conservadurismo extremo, afirma Marina. De lo que se trata es de estimular la capacidad creativa de nuestra inteligencia. La tarea de la educación es potenciar esas habilidades, movilizando las fuerzas que nos ayudarán a crear los remedios. Para ello, potenciar lo cognitivo no basta, resultando imprescindible fortalecer la voluntad. En consecuencia, apunta Marina, "ha llegado el momento de elaborar una pedagogía de la atención, del autocontrol y de la perseverancia"

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